El último vuelo del "pelusa" - Matanza Noticias
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Conmoción por la muerte de Diego Armando Maradona

El último vuelo del "pelusa"

Los noticieros dicen “murió Maradona". Para los que tenemos algunos años fue y será “Diego”. Porque su autoridad como ícono cultural le permitió patentarlo como propio.
Maradona con la Copa del Mundo en México, una postal eterna.

Maradona con la Copa del Mundo en México, una postal eterna.

Excelentísimo jugador, ya de muy chiquito en las inferiores de Argentinos Juniors entretenía al público con sus malabares en los entretiempos de la Primera División. Debutó el 20 de octubre de 1976 con 16 años en un partido ante Talleres de Córdoba. Desde ahí en adelante iluminó los estadios de todo el mundo con su calidad inigualable hasta convertirse en el mejor futbolista del planeta y conquistar con la 10 de la Selección Argentina el juvenil sub-20 de Japón en 1979, la Copa Mundial de 1986 en México y el subcampeonato en 1990 en Italia. Lo tuvieron Argentinos Juniors, Boca Juniors, Barcelona de España y Nápoli de Italia. Lo disfrutamos todos.


El quiebre en la vida de Diego fue en el 91 cuando le saltó el primer doping y dejó Nápoles para venirse a la Argentina. Ese 91 fue un antes y un después. Es difícil imaginar por qué los dueños de un espectáculo deportivo resignarían un promotor del negocio como Diego.

Cómo no sentir que se lo sacaban de encima, que le estaban haciendo pagar en la FIFA y en Italia haberlos sacado de la copa, haberles gritado el gol en la cara, haberlos insultado cuando maltrataban el himno.


Años más tarde lo confesaba en el documental de Kusturika dando nombres y apellidos de quienes lo traicionaron en un mundo donde la droga era moneda corriente para todos. Cuando volvió en el Sevilla, en Newells, en Boca, ya había mas luces que arte, quedaron pinceladas de aquella sublime primera era doradísima, inigualable.

En el medio estuvo ese Mundial de Estados Unidos.


Otra vez los oscuros dueños de la pelota que lo abrazaban, le prometían el perdón, lo invitaban a promocionar su fiesta, a entrar por una puerta grande que después le cerraron para dejarlo atrapado…


Los que nacimos en los 80 lo conocimos como el de tapado de piel, arito y rulitos que tomaba una Coca Cola en la propaganda, el que promocionaba un álbum de tapitas de la misma gaseosa para el mundial de España 82. Después fue el quel e arrancó gritos y alaridos en reuniones familiares y fútbol, el glorioso paladín del 90 y del 94 que nos hizo saltar y delirar. El imprevisible.

Varias veces vez en La Candela de San Justo me tocó alcanzarles las pelotas que se iban lejos a los chicos de las inferiores de Boca. Patear una de esas pelotas de fútbol de los 80, aquellas Tango o Jalisco de Adidas era un privilegio reservado exclusivamente para profesionales. Solamente pensar en lo que hizo Diego con esas moles pesadas, duras, rígidas, es increíble, roza el heroísmo.


Por suerte hay muchísimas filmaciones de su carrera. Ver los videos conmueve. No se puede entender lo que hace ese pié zurdo acompañado de un cuerpo joven, potente, ágil, imparable.

Tenía tanto talento que logró trascender el fútbol y se metió en el corazón del país, ser ídolo popular. Eternizarse en esa postal después de las finales del 86 y del 90, colgando medio cuerpo afuera del balcón de la rosada, con la copa del mundo en las manos. Solo una figura  con tanta magia fue capaz de llenar la cancha de Gimnasia, su último club como DT, con muchachos que solo lo conocieron por videos o por revistas.  porque lo que hizo es épico, tiene más de leyenda que de historia. La mejor manera de homenajearlo será contagiar más y más generaciones con su desenfado, con esa impronta de hacer posible lo imposible.



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